lunes, 1 de junio de 2009

17. Previniendo la drogadicción

Publicado el 2 de febrero de 2009



En un mundo cada vez más enredado y descompuesto, es común que muchos jóvenes opten por el consumo de estupefacientes como un camino para evadir una realidad que no les resulta atractiva; es por tanto vital, necesario y urgente que los padres de familia sepamos reconocer las señales que indican que nuestros hijos están en zona de riesgo y que tomemos las medidas necesarias para evitar que caigan en el aciago mundo de las drogas.


La idea de abordar este delicado tema, surge de una nota informativa publicada en días pasados en este rotativo, en el cual se relata la historia de un padre de familia que, a fin de evitar que su joven hijo consuma drogas, detuvo y entregó a la policía al narco vendedor que pretendía surtir de enervantes al muchacho.
Es cierto, esa es una forma muy reconocible y loable de evitar que nuestros hijos penetren al mundo de las adicciones, lamentablemente no podemos estar todo el tiempo detrás de ellos ni someterlos a una estricta marcación personal las 24 horas del día. Tampoco podemos seleccionar al total de las personas con las que se van a relacionar o eliminar por completo de sus vidas los escenarios que nos parezcan inadecuados para ellos. No, por desgracia no lo podemos hacer y además, no sería sano para el desarrollo integral de los chicos.

Lo que si podemos hacer es contar con la suficiente información que nos permita conocer los motivos que inducen a nuestros hijos al consumo de los enervantes, saber cuáles son las vías para la prevención, informarnos de los indicadores que nos permitan reconocer que se están drogando y qué hacer para ayudarlos a salir de ese infierno.

Existen muchos motivos que conducen a los chicos a las drogas, para nuestra desdicha, parece que el consumo de esos productos está de moda en algunos ambientes y esto puede llevarlos a pensar que si no las toman serán rechazados, a esto se suma la curiosidad y el deseo de vivir y tener nuevas experiencias sin detenerse a pensar en los efectos posteriores y la influencia negativa de amigos y conocidos.


Otro aspecto importante que puede inducir a la drogadicción es el clima familiar en el que crecen y se desarrollan, una atmósfera marcada por la violencia, el abuso, desintegración, indiferencia, desinterés y falta de comunicación pueden conducir al joven al consumo de drogas al pretender evadirse de una realidad no deseada. Esto mismo puede propiciar que el joven no despliegue las características emocionales necesarias para afrontar sus problemas personales y familiares y entonces estaremos sumando un agravante más.

Siempre que hablemos de drogadicción, debemos considerar que es mucho mejor y más fácil prevenir que batallar contra una adicción. Por ello debemos dotar a nuestros muchachos de las herramientas necesarias para rechazarlas, porque finalmente la decisión acerca de consumirlas o no es únicamente de ellos. Y en este punto no solo debemos pensar en el conjunto de valores familiares que deben cargar los hijos en la mochila, sino también de otros aspectos mucho más prácticos.


En días pasados comentaba con algunas personas, que yo transité por la secundaria, preparatoria y carrera sin que me ofrecieran drogas, es más, ni siquiera las conocí de lejos. Esto me lleva a pensar en la importancia de rodearse de valiosos y sanos amigos y de convivir en escenarios completamente ajenos a los relacionados con las drogas.

Por otro lado hay que construir una relación muy cercana con los hijos, hablar del tema, saber qué opinan al respecto, darles argumentos para rechazar los ofrecimientos, conocer a sus amigos y si es posible, a los padres de sus amigos; establecer límites y horarios para su conducta, sobre todo cuando los hijos son aún adolescentes y empiezan a frecuentar fiestas y antros.


Necesitamos rodearlos de un clima familiar de armonía, de convivencia sana y comunicación continua y permanente, organizar actividades donde participen todos los miembros de la familia y crear en casa un firme ambiente anti drogas, con normas muy claras y, ante todo, siempre predicar con el ejemplo a fin de mantener una autoridad moral sobre ellos.

De cualquier manera es preciso estar siempre pendientes de los hijos para reconocer cuándo han podido caer en las drogas y poder ayudarlos lo más oportunamente posible, en este sentido hay que atender a las modificaciones rápidas e inexplicables de conducta, hábitos, amistades, humor y hasta en los cambios que puedan darse en su apariencia física, alimentación, aseo personal y rendimiento escolar o laboral. No debemos ignorar ninguna cosa que pueda ser indicador de un posible consumo de drogas.

Recuerden que las drogas crean dependencia, en el caso de que uno de nuestros hijos caiga en ellas, es válido y esencial pedir ayuda profesional, tanto para él como para nosotros, al mismo tiempo es necesario cortar en forma definitiva con los ambientes que faciliten y propicien el consumo y cargarse de mucho amor y paciencia para proporcionar al hijo un camino de salida rápido y definitivo.

Trate de evitar los reproches, acusaciones, reclamos, discusiones y castigos, todo eso no sirve de nada, ofrézcale a su hijo una ayuda real y concreta, humana y amorosa. Cree en torno a él un espacio en el que pueda encontrar los apoyos que le permitan recuperar la voluntad y la inteligencia para mantenerse sobrio y lejos de las drogas.


Evitar la drogadicción es una tarea de todos, supone establecer un acuerdo social en el cual nos comprometamos a proporcionar en el seno de nuestras familias los valores humanos y espirituales que contribuyan a evitar el consumo de las drogas. Si los hijos no cuentan con valores bien definidos y vivenciados, ninguna estrategia de prevención será efectiva.
Es muy pretencioso de mi parte suponer que este artículo contiene todo lo que se necesita saber acerca del tema de las drogas, de hecho, estoy seguro que solo toca una mínima parte, pero habrá cumplido su objetivo si logra despertar el interés y la preocupación necesaria para aproximarse a la información, a los medios y recursos que le permita mantener al margen de la drogadicción a sus hijos. La tarea es continua pero necesaria, es la vida de los hijos y su bienestar lo que está en juego.

16. Medidas anticrisis

Publicado el 19 de enero de 2009



Pues resulta que estamos en crisis económica ¿Le sorprende? No, no creo, la verdad es que las crisis económicas no son una novedad en la realidad de los mexicanos de la calle, los que trabajamos y vivimos de nuestro sueldo. Me parece que hemos estado en crisis los últimos 30 años. Los políticos han iniciado sus planes para combatirla; a nivel familiar también debemos implementar acciones para sobrevivir en tiempos de crisis.


Durante los últimos meses del año que acaba de concluir, la economía de los Estados Unidos entró en una grave recesión, en su caída ha arrastrado a las economías de muchos países, entre ellos el nuestro. Hace unos días el presidente Felipe Calderón, en el marco del acuerdo nacional a favor de la economía familiar y el empleo, anunció 25 puntos enfocados a la defensa del poder adquisitivo de los mexicanos y del empleo. Esa es la parte que le corresponde hacer a los políticos, ¿Qué nos corresponde realizar a nosotros y a nuestras familias?


Por supuesto, debemos implementar nuestro propio plan emergente (o quizás permanente) para enfrentar la crisis económica; esto implica desarrollar múltiples acciones relacionadas con la administración del presupuesto familiar, tareas en las que deben participar todos los miembros de la familia para que adquieran sentido de responsabilidad y se comprometan con la optimización de los gastos. A continuación comentaré algunos puntos de coincidencia vertidos por expertos en finanzas familiares.


Inicialmente se deberá establecer el presupuesto de gasto familiar (este punto debe incluir los ingresos de todos los miembros de la familia) esto nos permitirá conocer con qué cantidad de dinero contamos de manera mensual para afrontar los pagos y otros compromisos económicos; de igual manera se deberá establecer un presupuesto de egresos en donde estén considerados todos los gastos, hasta los más pequeños, esto nos ayudará a determinar que porcentaje del presupuesto de ingresos se asignará al gasto correspondiente.


Conviene dividir el presupuesto de egresos en tres categorías: gastos necesarios, importantes y lujos. Cada familia, de manera conjunta, debe decidir y relacionar en una lista qué cosas caen en cada categoría; en primer lugar deberán cubrir los gastos necesarios, posteriormente los importantes y, si aún queda dinero, los lujos. Es importante no salirse del plan de gastos y evaluar de manera mensual los resultados obtenidos a fin de hacer los ajustes o adecuaciones necesarias.


Muchas veces no nos damos cuenta ni en que se nos va el dinero, a unos cuantos días de haber cobrado la quincena ya no nos quedan más que unos cuantos pesos, esto es un indicador de que existen fugas de dinero que hay que cerrar ¿Pero en dónde están esas fugas? si no lo sabemos no podremos cerrar la llave.


Especialistas financieros comentan que debemos relacionar la totalidad de los gastos que realizamos por lo menos durante tres meses, esto nos dará una idea de las cosas en las que se nos va escapando el dinero y nos permitirá realizar los arreglos necesarios y oportunos. Es vital llevar un estricto control del gasto, no salirse de lo presupuestado para mantener sanas nuestras finanzas familiares.


Por otra parte, quiero comentar algunas sugerencias para enfrentar la crisis económica que me llegaron vía correo electrónico y que me parecen primordiales:


Como primer punto y muy importante, cuiden su trabajo, tengan una actitud correcta diariamente, no falten, no lleguen tarde, esto evitará descuentos al sueldo. Sean eficientes y altamente productivos, esto hará que a la hora de los despidos no seamos tomados en cuenta. No desperdicien el tiempo ni los recursos de su empresa, recuerde que si la empresa se hunde, se hunde pareja, y los afectados son tanto dueños como empleados.


Modifiquen sus hábitos de consumo, esto es, no compren y no gasten en lo que no sea necesario, esto incluye alcohol, cigarros, parrandas, comida que no vamos a comer, libros que no vamos a leer o ropa que no vamos a usar o que usaremos sólo una vez. Recuerden que cuanto tiramos comida a la basura en realidad lo que estamos tirando es dinero.


Paguen sus deudas lo más rápido posible, las deudas acumulan intereses, lo que representa que a largo plazo tendrán que pagar más dinero. Destinen una parte de sus ingresos al ahorro, deben mantener ahorrada una cantidad de dinero similar al ingreso correspondiente a tres meses de sueldo, lo cual les permitirá mantener su ritmo de vida y cumplir sus compromisos económicos durante ese lapso en caso de que pierdan su empleo.


En casa, no desperdicien recursos, esto incluye comida, luz, agua, gasolina, gas y todo lo que pueda representar un gasto extra, incluidos los costos de telefonía. Hagan ejercicio y coman sano, esto evitará que se enfermen y tengan que gastar en consultas y medicamentos.


Básicamente, se trata de desarrollar la creatividad para poder optimizar el gasto y hacer que el dinero rinda más, de hecho las crisis representan una ocasión para mejorar, para crecer y ser mejores. Aproveche la crisis económica para transformarse en un excelente administrador del presupuesto familiar o tal vez para descubrir una oportunidad de negocio que pueda resultar muy redituable.


De cualquier forma, recuerde que la crisis económica no es opcional, ni selectiva y quizás tampoco sea temporal, por tanto actuemos pronto, tomemos medidas emergentes lo más rápido posible. Recuerde que la buena salud de las finanzas personales es uno de los temas más importantes para conservar la unidad familiar, y en tiempos de crisis se convierte en una prioridad ya que compromete el bienestar y el futuro patrimonial de la familia.

15. El ejercicio de la caridad

Publicado el 8 de enero de 2009




Ella decidió vivir una navidad distinta. Ella quiso en esta navidad, conocer el rostro de las Marías de hoy, las que viven en la pobreza, las que sufren ante un incierto porvenir para ellas y sus hijos. No hubo pesebres, ni pastores, ni estrellas que iluminasen el camino. Hubo trabajo, alegría, inspiración, y gracias al ejercicio de la caridad de un sector de la sociedad, hubo un regalo de navidad para 25 mujeres que tuvieron la gracia de dar a luz en esos días.


Todo partió de una convocatoria que hiciera María Isabel Álvarez de la Peza, conductora del programa Novo Millennio, informativo católico que se transmite por el canal de televisión María Visión, para participar en la campaña denominada “Una canastilla para María”. La tarea consistía en reunir los artículos necesarios para recibir a un recién nacido, armarlos en paquetes y distribuirlos entre mujeres de escasos recursos que hayan sido mamás el día de navidad o en los días previos.

Ella respondió a esa invitación, integró con sus familiares un equipo de trabajo e inició la gestión entre amigos, vecinos y conocidos. La respuesta fue mayor a la esperada, los productos fueron llegando e inundando los espacios destinados para tal fin, en total se integraron 25 paquetes, las bañaderas hicieron las veces de canastillas. Se decidió distribuirlas en el hospital “Álvaro Vidal Vera”, el área de trabajo social de ese nosocomio determinó, a través de un estudio socioeconómico, quienes eran las madres idóneas para recibir las “canastillas”. Finalmente, los días 24 y 25 de diciembre fue al encuentro de las Marías de hoy.

Los nombres de las beneficiadas no importan mucho, todas eran María, todas estaban llenas de gracia; en algunos casos José era un campesino, otras un pescador o un lavacoches, en otros casos ni siquiera había un José. Ellas sólo acertaron a decir gracias, pero no hacía falta que lo dijeran, los beneficios y recompensas de la caridad, del amor al prójimo, del dar y amar hasta que duela, ya se habían recibido.

Muchas veces al hablar de caridad nos confundimos y suponemos que es entregar una limosna (lo que nos sobra de dinero o algún bien material que ya no usamos) pero la caridad va muchos más allá, es más que una palabra, una virtud o un simple acto de ayuda, es una manifestación de amor al prójimo, un sentimiento que impulsa a la solidaridad con nuestros semejantes.

La práctica de la caridad nos conduce a un cambio completo que se genera desde el interior de nosotros mismos, porque nos rescata del egoísmo y del egocentrismo, de la avaricia que no permite que compartamos nuestros bienes, de la pereza que nos impide trabajar por los demás y nos libera de todo aquello que nos ata al consumismo, a los vicios de lo material y a las apariencias de lo social.

La caridad debe ser una tarea continua y permanente, tanto en momentos de armonía como en tiempos difíciles, no dar oportunidad a pretextos ni a justificaciones, practicarla día a día hasta que se vuelva costumbre, hasta que sea una constante en nuestras vidas y quede arraigada en las fibras más cercanas a nuestras emociones.

El ejercicio de la caridad nos lleva a disfrutar la alegría íntima y profunda de dar generosamente a los demás, a vivir y gozar la experiencia de participar activamente en la obra transformadora de Dios, a recorrer los caminos que nos acercan a nuestro semejantes y a mejorar nuestro entorno haciéndolo más justo y más solidario.
Fueron 25 las Marías que ella conoció esta navidad, todas con un mismo rostro, con una expresión que parece no haber cambiado en los últimos dos mil años, con los mismos surcos que deja la pobreza y el sufrimiento y con las mismas señas que surgen de la esperanza, la alegría y la ilusión por llevar a sus familias hacia destinos mejores. Fueron 25 las Marías, la próxima navidad, si usted quiere, podrán ser más.

domingo, 31 de mayo de 2009

14. Navidad, siempre navidad

Publicado el 24 de diciembre de 2008


A mi abuela, hermoso árbol lleno de frutos y bendiciones


Si, ya está aquí la navidad, y llegó con su enorme carga de buenos deseos, de mensajes de amor, paz y dicha, con felicitaciones sinceras y regalos, con familiares y amigos que se reencuentran y abrazan. Con un cargamento de sentimientos que surgen y chocan y salen despedidos hacia destinos opuestos. Llegó la navidad, la eterna navidad, la que entrega su mensaje de profunda espiritualidad, de reflexión y perdón, la navidad que reúne y mantiene viva la emoción y la inocencia.

Y cuando hablamos de la navidad, casi sin querer viene a nuestra mente el recuerdo de todas las navidades vividas: las más alegres, la de los mejores regalos, la que reunió a toda la familia, aquella en que no paramos de reír, la del tío Luis que disfrazado de Santa Claus entregó regalos a los primos y alegría a todos.
Y también, sin darnos cuenta, llegan a nuestra memoria las navidades más tristes, aquella en que nos sentimos afligimos por los que se fueron, o aquella otra, cuando evocamos situaciones y compromisos que dejaron de existir; y las navidades que tuvimos que pasar lejos del hogar y la familia.

La navidad es así, siempre llena de sentimientos encontrados, es la alegría y la nostalgia, el reencuentro y las despedidas, la reunión y la soledad; La navidad es una mezcla de emociones que nos llevan hacia todas partes pero que finalmente nos conducen y acercan hacia las personas que más amamos, hacia caminos de gratitud y perdón, de paz y armonía, hacia el rescate de las cosas más valiosas que atesoramos en el corazón y que generosamente entregamos en esta época.

Podemos decir que la navidad es un sentimiento, distinto a todos, mejor que todos tal vez, pero por encima de ese sentimiento, está el mensaje de amor de la navidad; el mismo mensaje que se ha repetido cientos de veces durante dos mil años pero que no deja de ser nuevo, actual, vigente en el tiempo, que muchas veces no queremos escuchar pero que siempre está presente como una llamada de atención, como un recordatorio de lo que somos y lo que deberíamos ser.

La navidad nos habla de la encarnación del Hijo de Dios, el Verbo hecho carne y habitando entre nosotros, Dios presente en medio de la humanidad a través del Hijo, ese es el mensaje que debemos dar y recibir, esa es la Buena Nueva, ese es el anuncio. La interpretación es íntima es personal, es un llamado al espíritu, un susurro al oído, un clamor apagado pero que lucha por ser escuchado.

Por ello, debemos darnos un tiempo a la reflexión, para identificar el mensaje único que la navidad trae para cada uno de nosotros, para encontrar las respuestas, los significados, el sentido místico que se nos ofrece, para descubrir la voluntad divina que debemos transformar en práctica congruente, en hechos concretos, en plan de vida.

La navidad es una ocasión ideal para recibir como un regalo el mensaje de amor y esperanza que emana del nacimiento de Cristo, para convertirnos en un pesebre viviente donde renazcan sentimientos positivos, intensiones buenas, actitudes nuevas. Donde se propicie y facilite el reencuentro con lo mejor de nosotros mismos y podamos proyectarnos amorosa y generosamente a nuestros semejantes, donde podamos redescubrir las cosas que le dan valor, sentido y dirección a nuestras vidas, donde podamos amar, soñar, compartir, renovar esperanzas y realizar nuestras ilusiones.

La navidad, es el espacio para recordar nuestros mejores años de la infancia, el mejor tiempo de nuestra inocencia, la que nos llevó a hacer y rehacer muchas veces la carta a Santa y nos inducía a portarnos bien ante el temor de no recibir regalo alguno, la que hizo que Juan viera a los verdaderos Santos Reyes, de turbante y túnica oriental, dejándole juguetes, la que brilló en los ojos de Mildred al pensar que era el verdadero Santa Claus el que descubrió en el portal de una casa en el barrio de San Román.

La navidad, siempre la navidad, la que hace revivir los recuerdos y las emociones que nos acercan a los familiares y amigos que están en la distancia, la que hacer surgir de muy adentro los mejores deseos de felicidad, amor y bienestar, la dulce y alegre navidad que llega y se nos ofrece para disfrutarla y vivirla en la sencillez e intimidad de la familia y de las personas que están tan cercanas a nuestros afectos. La de la solidaridad, la de todos los colores y todos los sabores, la de la alegría y la nostalgia, la de sentirnos en paz con Dios.
Por todo eso, mi deseo es que el mensaje de la navidad haga renacer los viejos anhelos de paz y amor, dicha y prosperidad y los mantenga renovados de esperanzas y vigentes en el tiempo; y que el dulce niño Jesús nazca en sus corazones llenando de luz, alegría y bendiciones su hogar durante el año venidero.

13. Acerca del perdón

Publicado el 23 de diciembre de 2008




Que importante, necesario y fundamental es perdonar, los beneficios trascienden más allá del ámbito de las relaciones humanas y se internan en lo puramente espiritual. Perdonar es un acto de beneficio personal y un requerimiento para vivir la navidad en forma plena dado que prepara los escenarios interiores que facilitan el nacimiento de sentimientos positivos en los seres humanos.

En anteriores entregas he mencionado la necesidad de disponernos espiritualmente para celebrar las fiestas navideñas, esta preparación pasa necesariamente por reflexionar acerca del estado que guardan nuestras relaciones personales, por la construcción de familias sanas y llega hasta el ejercicio vital de perdonar, esto es, liberarse de odios y disponer de un espíritu limpio que nos prepare para recibir a Jesús en nuestras vidas.

Debo mencionar que no puedo aportar una definición de perdón que atrape todos los sentimientos y las emociones que encierra el acto mismo, en su lugar transcribiré un pequeño párrafo con el que tropecé en internet y cuyo autor no es citado, en dicho texto se afirma que perdonar no significa olvidar o negar las cosas dolorosas ocurridas, pero representan una afirmación de que las cosas malas que nos sucedieron no arruinarán nuestro presente, aún cuando hayan arruinado nuestro pasado.

En este sentido y entre todas las particularidades y generalidades tan distintas e irregulares que a menudo inundan mi correo electrónico, recibí una presentación que se ajusta perfectamente al tema en cuestión, en ella se menciona a un personaje que con el afán de vengarse de alguien que lo había agredido, cargaba en su mochila una enorme piedra la cual arrojaría a su ofensor en la primera oportunidad que se le presente.

Días y noches, durante 20 años, llevó sobre sus hombros la mochila con la piedra en ella, la llevaba a todos lados, caminaba con dificultad por el peso de aquel enorme guijarro. Cuando se presentó la ocasión, se dio cuenta que ya no tenía sentido alguno cobrar la venganza, se deshizo de la piedra y caminó liberado de esa carga.

La historia de este personaje puede ser la historia de muchas personas, y el problema se hace más grave porque en muchas ocasiones no es solo una piedra la que cargan en sus mochilas, son toneladas de piedras llevadas sobre los hombros que representan todo un cargamento de rencores, odios, insatisfacciones, resentimientos y deseos de venganza acumulados a lo largo de sus vidas.

¿No sienten el peso enorme sobre sus hombros? ¿No sienten la necesidad de liberarse de esa carga? ¿No sería preferible caminar más ligero, desprovistos de pesos innecesarios, de incomodidades y lastres? Porque además esa mochila es intransferible y nadie puede ayudarnos a cargarla.

Si, es cierto, perdonar no es fácil, pero es necesario y fundamental para el bienestar y la armonía emocional de las personas. Perdonar ayuda a mantener el equilibrio íntimo, a recuperar la paz interior y el optimismo y finalmente, a ser un poco más felices.

Perdonar depende de la buena voluntad, del deseo, de la disposición personal para dejar ir aquello que ha hecho daño en algún momento, se trata de soltar el odio, de liberarse del rencor y el resentimiento que nubla la razón, que envenena el corazón. Perdonar aleja de nuestras vidas los sentimientos aciagos y la energía negativa.

El acto de perdonar no surge de manera natural y espontánea en las personas, a veces es un acto heroico, un esfuerzo valiente para alejar los resentimientos y la tentación de vengarse, es hacer uso de la fortaleza moral para decidir hacer el bien y por consiguiente apartarse de hacer el mal.
Por otro lado, perdonar no significa reconciliarse, la reconciliación exige que dos personas que se respetan mutuamente, se reúnan de nuevo, en cuanto al perdón, es la respuesta moral de una persona a la injusticia que otra ha cometido contra ella. Se puede perdonar sin reconciliarse.

Perdonar aleja los sentimientos hostiles y negativos y favorece la recuperación emocional, propicia el reencuentro con la capacidad de confiar, mejora la salud física, mental y emocional, hace crecer y madurar, libera las mentes y corazones de rencores, odios y resentimientos.

¿Necesita más ventajas para perdonar? Añadiremos entonces que perdonar libera energía positiva que se puede invertir en general beneficios personales, mejora nuestras relaciones con las personas y con nosotros mismos, libera del dolor del pasado, se toman mejores decisiones personales, y finalmente y quizás más importante, se propicia el crecimiento espiritual y acerca a las principales enseñanzas de Jesús. Por todo lo anterior es fácil deducir que ejercer la acción de perdonar trae más beneficios para el que perdona que para el que es perdonado.

Para vivir una navidad plena y auténtica es preciso potencializar la capacidad de perdonar, de absolver a todos los que consiente o inconscientemente nos han hecho daño, dispensar a las circunstancias que no nos han sido favorables, perdonarnos a nosotros mismos por todos los errores que hemos cometido y por todas las oportunidades desperdiciadas, por las veces en que no fuimos todo lo buenos que necesitábamos ser y por las ocasiones que nos dejamos ganar por nuestras bajezas humanas.
La navidad requiere de un espíritu libre de rencores y odios, de un renovado afán por alcanzar nobles sentimientos, de corazones puros que convertidos en latientes pesebres faciliten el nacimiento de la paz y el amor, de la justicia y la bondad. La navidad exhorta a construir un escenario interior limpio, confiable, placentero, en donde el Jesús de todos los tiempos pueda nacer, vivir y reinar.

12. La familia saludable

Publicado el 17 de diciembre de 2008



A Mildred, Andrea y Edoardo. También
para Juan, Maricela e Ileana

Mucho se ha hablado acerca de la familia y de los innumerables beneficios que trae consigo el cuidarla y protegerla, pero en este tiempo que nos acerca a eventos tan importantes y cálidos como lo es la navidad, valdría la pena hacer una revisión de las condiciones en que se están dando las relaciones al interior de ellas y vislumbrar las características idóneas que nos permitirán la construcción de familias saludables.

Haciendo un rápido balance de la actualidad, podemos darnos cuenta que los últimos tiempos han empujado a una profunda crisis de valores a la sociedad en general y a las familias en particular. Podemos culpar a lo que ustedes quieran: pérdida de tradiciones y costumbres, influencia negativa de los medios de comunicación, deficiencias en la educación de niños y jóvenes, alejamiento continuo de normas de carácter religioso y muchas causas más. En realidad, me parece que es la suma de todo lo anterior.

Las consecuencias son múltiples y muy variadas, desde trastornos emocionales del individuo y falta de identidad social y cultural (lo que puede estar generando el surgimiento de etnias urbanas) hasta la desintegración del núcleo familiar y la formación de modelos alternos de familia.

Dada la situación anterior, conviene preguntarnos ¿Cómo se están dando las relaciones entre los miembros de nuestras familias? Si están mal, ¿Cómo podemos mejorarlas? Si están bien ¿Cómo enriquecerlas y hacerlas mucho más benéficas para todos? ¿Cómo impulsar el establecimiento de relaciones sanas y armónicas en la familia? ¿Cuáles son las condiciones necesarias para construir una familia saludable?

La búsqueda de respuestas a las anteriores interrogantes me llevó a realizar una pequeña investigación en Internet, a continuación expongo las conclusiones de la misma.

Inicialmente es necesario establecer una definición de familia, para ello me voy a alejar un poco de los tradicionales conceptos que usamos en la escuela y diré que una familia es (o debe ser) una comunidad basada en el amor y la solidaridad de sus miembros. Esto significa que deberemos encontrar las afinidades y coincidencias que nos impulsen a estar juntos porque queremos y necesitamos estarlo, y que es en los familiares donde debemos hallar el apoyo y motivación para superar dificultades y la compañía ideal para compartir éxitos y alegrías.

Si vivimos en el seno de nuestras familias el amor y la solidaridad, en toda su amplia gama de posibilidades y expresiones, nos estaremos acercando a lo que significa tener una familia saludable, la cual sería aquella que logra establecer un entorno físico y de relaciones familiares que favorezca el desarrollo integral de todos sus miembros.

De acuerdo a la anterior definición, considero que las características concretas que identifican a una familia saludable son las siguientes:

Preocupación permanente por la salud física, mental y emocional de cada uno de sus miembros. Esto implica interesarnos por los cambios según la edad y etapa de desarrollo, la realización de controles médicos periódicos y oportunos y estar atentos a ideas, sentimientos, emociones, amigos, intereses, actividades físicas, profesionales, culturales o artísticas de cada uno de los que conforman nuestro núcleo familiar.

El diálogo permanente es fundamental. En este punto debemos esforzarnos para lograr una comunicación positiva, clara, directa, continua y enriquecedora, que se constituya en un camino multidireccional por donde fluyan no solamente indicaciones y saludos, sino también los sentimientos, anhelos, temores y angustias de todos y donde se propicien los espacios adecuados para conversar en familia.

El respeto es otra característica de las familias saludables, no se trata solamente de respetar a la persona misma, sino también sus opiniones y sentimientos, sus pertenencias y valores, así como respeto a su privacidad y decisiones (siempre que estas sean acordes a la edad de la persona y no pongan en riesgo la armonía y la integridad de la familia).

Otro punto importante consiste en la creación de ambientes alegres y positivos, que inviten a quererse, amarse y respetarse, que permitan una convivencia sana, edificante y grata. Debemos lograr que nuestros hogares se conviertan en un refugio amigable, un lugar al que todos desean llegar porque se sienten cómodos, a gusto, en casa; y donde surjan de manera espontánea las expresiones de amor concretas y explícitas, donde nos sintamos queridos y que ese amor nos sea comunicado de manera continua y evidente.

Por otra parte, los miembros de las familias saludables se dan tiempo para convivir, se divierten y ríen juntos, juegan, comparten experiencias, celebran unidos y se esfuerzan por preservar sus momentos especiales y las tradiciones familiares y siempre encuentran los motivos para regocijarse y para mantenerse unidos.

Indiscutiblemente la presencia de Dios va a llevarnos con toda seguridad a la creación de familias sanas. Dios es la fuente de amor auténtico y genuino que nutre los corazones humanos y permite crecer en la fe, el amor y en la permanencia en los valores que mantienen unidas, sanas y comprometidas a las familias.

Finalmente es importante considerar que la vida familiar no es estable, sino que está en constante cambio. En consecuencia, una familia saludable debe lograr una adaptación exitosa a los desafíos que se le presentan, superando los problemas y dificultades y luchando siempre por conservarse unida y en crecimiento.
Las características para proporcionar salud a las familias están al alcance de todos, no se ve dificultad alguna. La opción para estos tiempos de espera para la celebración navideña es revisar nuestras relaciones familiares y encontrar los caminos y acuerdos que nos lleven a construir una familia sana, la alternativa es deseable para todos y podemos empezar en el momento en que nos lo propongamos.

11. un tiempo de esperanza

Publicado el 3 de diciembre de 2008



Ya los tiempos cambian, las noches se hacen frías y el ambiente se torna cálido, se percibe la proximidad de la navidad y la tradición indica que es momento de prepararnos. Pero no voy a referirme a comprar adornos, regalos o cena, sino a la disposición espiritual que se requiere para vivir en forma plena la navidad.

En esta época es muy característico pensar: ¿Cómo vamos a celebrar el día de Navidad? ¿Con quien vamos a disfrutar estas fiestas? ¿Qué vamos a regalar? Pero todo este ajetreo no tiene ningún sentido si no consideramos las razones que le dan sentido a la navidad. Y no estoy diciendo que esté mal hacer fiestas y dar regalos, para nada, esas son manifestaciones culturales que representan la alegría de vivir esta temporada, pero insisto, no debemos perder de vista quién es el festejado y qué es lo que estamos celebrando.

Por un lado la navidad recuerda el nacimiento de Jesús de Nazaret, es decir, la encarnación del Mesías. Por otro lado, reaviva la esperanza de una llegada definitiva de Jesús a la tierra para dar a cada quién su recompensa según sus obras. Por estas razones, toda la celebración navideña gira en torno a Jesús, el de ayer, el de hoy y el que vendrá.

Esto significa que la navidad, necesariamente requiere de un tiempo de preparación espiritual y moral y la disposición para recibir y aceptar la llegada de Jesús; un tiempo de reflexión que nos debe llevar a reconsiderar nuestra forma de existir, las actitudes y la manera como nos estamos relacionando con las personas que forman nuestro entorno afectivo y social.

Y no se trata solamente de recapacitar atenta y cuidadosamente acerca de nuestro comportamiento, sino también de adquirir la voluntad de cambio en nuestras vidas. Un cambio que nos conduzca a una mejor realización personal, un desarrollo moral sostenido, reparar lo que estamos haciendo mal, estrechar nuestra relación con las personas y renovar el compromiso con Dios.

Esto significa que la preparación para la navidad no solo implica analizar lo que hemos sido, sino también hacer una proyección de lo que queremos ser en el futuro, diseñar un plan de vida que nos convierta en mejores seres humanos y nos acerque en forma permanente y definitiva a Dios.
En este sentido, necesitamos darnos cuenta que Dios siempre viene a nosotros, reconocer que solamente a través de Él podemos obtener la salvación. En la medida que comprendamos y aceptemos esta realidad, aumentará nuestra disposición a recibir a Dios y permitir que guie y norme nuestras acciones.

Prepararnos para recibir la navidad, es mucho más que arbolitos, focos, esferas y regalos, es el renacimiento de nuestros anhelos de felicidad y paz, la esperanza por una nueva llegada de Dios, la conversión y el compromiso que representa aceptar su presencia transformadora en nuestras vidas Es la época propicia para reconciliarnos con quienes debamos hacerlo, de enderezar los caminos y de disfrutar la alegre experiencia de Dios.

10. A correr riesgos

Publicado el 25 de noviembre de 2008


A veces es preciso, fundamental y vital tomar riesgos, a veces es necesario vivir la emoción de arriesgarse, pasar de espectador a protagonista de tu propia película de acción y disfrutar la emoción, la aventura y las recompensas que genera el explorar tus propios límites y llegar hasta donde no habías llegado jamás, y con ello, construir las experiencias y los recuerdos que te adornarán y te harán sonreír el resto de tu vida.

Hay personas que les gusta correr riesgos, que se acostumbran a vivir en la frontera del peligro exponiendo en muchas ocasiones su integridad física e incluso su vida. Esto los lleva a la práctica de deportes extremos, a vivir la emoción de arriesgar la piel en cada suerte y a exponer al máximo sus habilidades.


No es mi caso, de verdad que no lo es, he dicho en muchas ocasiones que soy un enemigo de la adrenalina, que mi opción siempre han sido las emociones sosegadas, los nervios tranquilos y mirar desde la baranda. Pero en determinados momentos de la vida, me he arriesgado a correr riesgos y lo he disfrutado.


Si, pude haber permanecido sentado en la entrada de aquella caverna o en la orilla de aquel barco, nada me obligaba, nada me forzaba. Pero de haberme quedado ahí, nunca habría disfrutado la experiencia de explorar la obscuridad de esa gruta, nunca habría disfrutado la experiencia de contemplar el fondo del mar y nunca habría disfrutado la experiencia de conocer mis alcances y las fronteras de mis destrezas, aunque sea solo por unos momentos. No atreverme por falta de seguridad, por no saber o por miedo hubiese sido verdaderamente frustrante y perjudicial para mí.


Es cierto, tuve miedo, sentí angustia y deseos inmensos de echarme para atrás y permitir que los demás avancen sin mí. Pero después de sopesar el peligro y medir las amenazas, pude sobreponerme y encontrar las fuerzas internas que me impulsaron a vivir y gozar de experiencias nuevas y desconocidas, que me llevaron paso a paso, brazada a brazada, a conseguir un auténtico triunfo que hoy ilumina las carteleras de mis cines personales y se publica a ocho columnas en mis periódicos imaginarios.


Sé que algunos dirán que no he hecho nada aún, que existen miles de montañas, mares, cavernas, selvas, desiertos y caminos por explorar, que hay cientos de retos y peligros por vencer. Es verdad, pero todas esas aventuras se las dejo a ellos y a los que vendrán. Yo me quedo con mis pequeñas (si así desean calificarlas) pero grandes victorias que hoy me hacen sonreír y mañana presumiré y exageraré ante mis nietos.


Pero esto último no representa el único beneficio de vencer los retos personales, hay una satisfacción profunda y auténtica, un sentimiento sereno de haber cumplido una misión, una tarea, un objetivo; una sensación extraña pero grata de saberse capaz de vivir y vencer un desafío que decidí tomar en un momento de mi vida, una alegría válida y cierta que llena una parte importante de mi universo interno. La dicha de haber vivido y disfrutado una experiencia que ya nadie me quita.


Debo reconocer y dejar en claro que no soy un loco de ocasión, no soy de los que saltan del avión y luego revisan el paracaídas, de los que retan al peligro con una venda en los ojos. No, nada de eso, en ambos casos fueron riesgos controlados, supervisados cuidadosamente, haciendo todo lo posible por minimizar los posibles daños (a mí persona y a los que venturosa y afortunadamente me acompañaron) vigilando cada paso, calculando cada momento y batallando siempre con el control de las emociones que por instantes se me desbordan y me amenazan.


Yo no sé cuando es el mejor momento para arriesgarse, no sé cómo prepararme para la próxima aventura, ni siquiera sé si habrá una nueva oportunidad de correr riesgos, pero sé que cuando el momento llegue me lanzaré con alegría y cautela, con optimismo y deseos enormes de alcanzar nuevas posibilidades y nuevas satisfacciones. Si fracaso al menos sabré que lo intenté y que di mi mejor esfuerzo, y entonces tendré una experiencia más, un conocimiento nuevo, sabré como no deben hacerse las cosas.



Correr riesgos controlados mantiene vivas a las personas, nos permite acumular recuerdos, sensaciones y satisfacciones. Correr riesgos controlados nos conduce a experimentar, probar, equivocarnos, aprender, vivir y sentirnos plenos y felices. Correr riesgos controlados nos convierte en protagonistas de nuestros propios recuerdos, de nuestra propia historia.