miércoles, 9 de diciembre de 2009

38. La Trinidad

Publicado el 9 de diciembre de 2009


En medio del frío, de caminos bordeados de pinos, ocotes y encinos, a una altura de 2,370 metros sobre el nivel del mar y en medio de un camino que serpentea por entre numerosas comunidades, surge La Trinidad, antigua fábrica textil convertida hoy en un moderno centro vacacional, balneario y museo; resulta imposible sustraerte a su embrujo que te remonta a más de 100 años en la historia. Simplemente, La Trinidad te atrapa y se mete en tus sentidos.


El inmueble fue construido en 1884 con la finalidad de albergar una fábrica de textiles, muy rápidamente se convirtió en una de las más importantes empresas productoras y exportadoras de mezclilla del país. Su instalación en Tlaxcala, un estado hasta entonces netamente campesino, originó significativos cambios sociales y económicos dado que marcó la transición de comunidades agrícolas de tiempo completo a grupos obreros con jornadas de 14 a 16 horas diarias

La fabrica fue propiedad del empresario español Manuel Martínez Conde, constaba en sus mejores años productivos de toda una infraestructura que facilitaba la producción y los servicios que los trabajadores requerían: la más moderna maquinaria de la época, casas para empleados y obreros, escuela para hijos de trabajadores, establos, talleres, almacén de géneros, salón de telares, área de hilados, turbina, calderas y un hermoso templo dedicado, como es de esperarse, a la Santísima Trinidad.

Al paso del tiempo, la falta de renovación y modernización de sus instalaciones, equipos y procesos, así como el surgimiento de texturas de origen sintético para la fabricación del vestido llevaron a la crisis financiera a La Trinidad y en diciembre de 1967 se declara su cierre definitivo.

Sus últimos propietarios, la familia Morales Pérez, vendieron la propiedad a una instancia gubernamental en 1987, la que a su vez la cedió al Instituto Mexicano del Seguro Social, mismo que, respetando su infraestructura y la historia oculta entre sus paredes adecuó en su interior un centro vacacional al servicio de la población abierta.


Llegar al Centro Vacacional La Trinidad se convierte en una verdadera delicia, separado solamente por doce kilómetros de la capital tlaxcalteca, la distancia se torna demasiado corta para contemplar los campos sembrados de pinos que recuerdan navidades, de ríos angostos que destilan aguas claras y de un paisaje dibujado por extensos llanos y la alta sierra. Es verdad, hace mucho frío, pero de verdad que se soporta y hasta se disfruta.


Ya estando en el inmueble, lo común es encontrarse en cualquier pasillo con parte de la antigua maquinaria textil; en sus paredes, el decorado corre a cargo de poleas y engranajes así como fotos antiguas que muestran imágenes de La Trinidad en sus tiempos de auge y bonanza.

Es fácil remontarse en el tiempo y visualizar a la fábrica operando en todo su esplendor, pero se torna muy difícil, en la presente quietud y paz de sus jardines y lagos artificiales, imaginarse el fenomenal escándalo que producían la turbina y las maquinarias y que hicieron surgir un particular y único lenguaje de señas entre sus obreros.

Las enormes chimeneas capturan más mi atención que la formidable alberca techada y climatizada en la que, la imagen de los bañistas, contrasta de manera curiosa con los gruesos abrigos y bufandas que usamos los que no estamos en un plan vacacional.

Hacia el fondo de la fábrica, a un costado del moderno y equipado centro de convenciones, se encuentra la que considero es la joya de la corona, me refiero al museo textil, el primero establecido en nuestro país. Su acervo está conformado por fotografías, documentos y testimonios, además de maquinaria, herramientas, hilos y otros objetos donados por los ex trabajadores.


Prácticamente, el tiempo se detuvo en la oficina del administrador de la fábrica, ahí están su escritorio de trabajo, la mesa de juntas, los archiveros mal acomodados y con expedientes abiertos, el periódico del día, la máquina de escribir y las fotografías de los momentos importantes. Pareciera que una reunión de trabajo se suspendió repentinamente a mediados del siglo pasado y que los objetos esperan impacientes a que se reanude.


No estaría haciendo justicia si menciono a la capilla de la fábrica simplemente como tal; por sus dimensiones, su belleza y su arquitectura de estilo neogótico, podría ser considerado el templo principal de cualquier comunidad. Una particularidad, no tiene bancas, son sillones individuales los que están dispuestos para la comodidad de los feligreses, principalmente huéspedes del hotel y vecinos del poblado de Santa Cruz.

Al despedirme del lugar, entiendo perfectamente que una parte de mí se queda atrapada en un punto justamente en medio de la fábrica y el centro vacacional, en ese instante se amalgaman el pasado afanoso y el presente afable y hospitalario. Una última mirada, despierta los fantasmas ocultos de obreros y trabajadores para hacerles justicia y rendir tributo a su anónima historia y a su huella plasmada en el tiempo. Atrás queda la permanente promesa de volver.

7 comentarios:

  1. Se oye interesante...hay paquetes vacacionales y/o descuentos que ofrece el IMSS pa ir....buen prospecto...

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  2. Me ha gustado mucho el articulo, gracias... todo invita a vistar ese lugar.

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  3. ME GUSTARIA SABER MAS DE LA HISTORIA, SOLO NOMBRAN A LOS PRIMEROS PROPIETARIOS Y A LOS ULTUMOS, MI ABUELO PUDO SER UNO DE ELLOS, DON JOSE MARIA SENDEROS CORTAZAR, PUEDE SER?

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  4. SUSANA SENDEROS,ssenderos@prodigy.net.mx28 de julio de 2011, 12:40

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  5. El ultimo propietario fue Alfredo Arenas (mi abuelo) quien quería integrar sus cuatro fábricas ahí , pero antes de que esto sucediera le fué expropiada la propiedad, n tiempo de López Portillo

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  6. Mi bisabuelo quien llego de Espana creo que trabajaba ahi, Julio Marti Batalle, y mi abuela nacio y estudio ahi la primaria. Rosalia Marti Casanovas.

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  7. Yo crecí ahí..hace 60 años.El hotel de hoy , fue mi casa..Mi padre ahí laboro..Hermoso lugar y lleno de recuerdos..Ahi pasaba el transporte escolar y estudie en el Colegio Esperanza.. De Sta Ana Chiautempan..

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