domingo, 5 de julio de 2009

30. Un recorrido ecológico (2ª. parte)

Publicado el 4 de julio de 2009


El segundo y último día de recorrido ecológico inició desde muy temprano; poco antes que amanezca me despertaron unos sonidos muy fuertes, yo supuse que provenían de la carretera que va a la ciudad de Escárcega. Después supe que eran los gruñidos característicos del mono aullador o saraguato, que anunciaban la llegada de un nuevo día.

Unos minutos después, inició el concierto de pájaros, no sé cuántos eran ni de qué especies, pero parecía que todos sus gorjeos y cantos armonizaban melódicamente. Por ratos distinguía el grito de los loros, finalmente distinguí el sonido que hacen las chachalacas (ya lo conocía porque durante algún tiempo muchas de ellas habitaron en los alrededores de mi casa) es un ruido que nunca he podido describir, me suena como si alguien estuviera serruchando madera.

En un momento, todo el grupo de exploradores estaba despierto escuchando a las aves y mirando la bruma que parecía danzar por encima de la superficie líquida de la aguada. La visión del paisaje no le pedían nada a los que hemos visto en algunas películas. En un instante inesperado, los primeros rayos de sol iluminaron el campamento. Era hora de levantarlo e iniciar la jornada.

Rápidamente nos organizamos para retirar y guardar las tiendas de campaña, almacenar los kayaks y sobre todo y principalmente, borrar todo rastro de la presencia humana, esto significa, retirar cualquier tipo de basura. Se trata por todos los medios posibles de preservar el lugar y sus condiciones higiénicas y ecológicas.

Para el siguiente punto del programa, visita a los cenotes, requeríamos trasladarnos por la carretera que va a Escárcega hasta un poblado llamado Miguel Colorado, para lo cual, nos despedimos del campamento Xunan-Ha, abordamos nuestros vehículos y partimos hacia ese punto de la geografía campechana.

Miguel Colorado es una población pequeña de cerca de mil habitantes, para llegar a ella avanzamos por la carretera Champotón-Escárcega, 15 kilómetros antes de llegar a esta última ciudad, se toma un desvío y tras once kilómetros de marcha llegamos. Nos reabastecimos de agua e iniciamos el camino hacia el Cenote Azul.

Debo aclarar que yo nunca imaginé que en el estado de Campeche hubiesen cenotes, por lo general estos cuerpos de agua se relacionan con Yucatán y en menor grado con Quintana Roo. Cuando supe que iríamos a conocer cenotes campechanos supuse que serían unos muy pequeños. Equivocada suposición.

Tras un camino, asfaltado hace mucho tiempo, que avanza a la vera de campos de cultivo y ranchos ganaderos, llegamos al Cenote Azul. Hay cierta infraestructura turística: algunas palapas, vestidores y un puesto de información pero están desiertos. Al decir del maestro Encarnación, las instalaciones eran administradas por un hombre de origen estadounidense, pero los habitantes de pueblo se inconformaron e hicieron que le retiraran la concesión solo para dejar abandonado el lugar.

El Cenote Azul es de una belleza y un tamaño impactante (se dice que tiene 250 metros de diámetro aproximadamente). Por un sendero en forma de escalera, con un casi destruido pasamano rústico, pudimos llegar a la orilla, los lugareños han construido una especie de trampolín y una plataforma para poder nadar en él. Enfrente a la orilla en que estábamos y rodeando el cenote, se levanta una pared de más de ochenta metros de alto y sobre ella, la selva campechana.

Decidimos continuar nuestro camino para visitar el Cenote de Los Patos, para ello, debíamos avanzar por un sendero que ascendía hasta rodear el Cenote Azul. Por unos momentos, el camino era sencillo aunque empinado, por otros, se aproximaba demasiado a la orilla y había que aferrarse de ramas y raíces para prevenir una caída.

En algunos segmentos, el sendero estaba cortado por arboles de zapote que habían caído como resultado del tiempo; en todos los casos, sus troncos estaban surcados por las cicatrices que les dejaron los años de cosecha del chicle. Eran las huellas de un pasado de prosperidad para la región y del impacto del hombre en el medio ambiente.

En el Cenote de Los Patos nos dio la bienvenida un grupo de monos araña, los cuales se alejaron rápidamente columpiándose entre las ramas altas de los árboles. La vista del cenote nos dejó a todos completamente asombrados. Es una especie de pozo de cerca de 200 metros de diámetro y con una altura por encima de los 60 metros, sus paredes son lisas y no hay forma alguna de descender hasta la verde superficie del agua, la cual está ciertamente llena de patos. Se nos ocurrió que podríamos bajar a rapel. Tal vez nadie lo ha intentado, nosotros tampoco.

Ya para partir se nos informa que en total son cerca de 6 cenotes los que se encuentran en esa área. Además, es posible visitar la laguna de Moku, la cual se halla repleta de cocodrilos y una caverna cuyo espectáculo está a cargo de millones de murciélagos. Esos lugares quedan pendientes para futuras visitas.

La despedida a este singular grupo de exploradores, corrió a cargo del saraguato, escondido en la copa de algún árbol, hizo sonar su aullido estereofónico que dejó asustados a algunos e impactados a otros. Su rugido aún resuena en mi cabeza como un grito de esperanza, un reclamo territorial, un llamado a preservar sus espacios y a respetar su presencia ancestral en nuestras selvas.

El espíritu de la selva campechana se ha quedado en mi interior y en las mentes y los corazones de quienes compartimos la experiencia de la naturaleza. El compromiso es regresar, el objetivo es conservar nuestros ecosistemas por que al hacerlo estaremos resguardando el patrimonio único de los que habitamos este hermoso planeta.

jueves, 25 de junio de 2009

29. Un recorrido ecológico (1a. parte)

Publicado el 25 de junio de 2008



De pronto navegábamos por la tranquilidad de un rio, unas horas más tarde escalábamos un cerro, poco después practicábamos kayak, finalmente terminamos sorprendidos ante la impactante belleza de cenotes escondidos en medio de la selva. No visitábamos Yucatán ni Quintana Roo, estábamos en Campeche, en una parte de nuestro estado que permanece oculta y casi virgen y que deslumbra por su impresionante belleza.

El equipo de exploradores lo conformamos 11 personas, incluidos el maestro José Encarnación Saravia, quien fungiría como guía y tres menores entre los que se contaba mi hijo Edoardo. No invertimos mucho tiempo, solo un fin de semana. Los costos fueron mínimos. Los objetivos del viaje eran netamente ecológicos y de convivencia, incluía la observación de paisajes locales y lo que pudiéramos aprender a partir del contacto con la naturaleza.


La primera parada fue en Champotón, en ese lugar abordamos una lancha y navegamos durante unas horas rio arriba. La primera sorpresa nos la dio un cocodrilo de cerca de dos metros, lo observamos un momento hasta que se perdió en las tranquilas aguas del rio. Seguimos avanzando hasta una isla, la rodeamos y penetramos a un manantial.


La ribera del rio está poblada de manglares donde anidan diversas aves acuáticas, entre todas esas plantas, hallamos una que da unos frutos de color rojizo y sabor dulce llamados hicacos. Durante el trayecto de regreso, nos imaginamos una parada turística en algún lugar, un restaurante ambientado, un programa guiado de observación de la flora y la fauna. Nada, lamentablemente no existe nada de eso.


Luego de retornar a Champotón, continuamos nuestro trayecto hasta la población de Chuiná, en ese lugar existe un campamento ecoturístico llamado Xunan-Ha (señora del agua) él cual tomamos como base. Una vez instalados, procedimos a efectuar el primer punto de nuestro programa de excursión, escalar el cerro donde, de acuerdo a la tradición, se apareció la milagrosa imagen que es motivo de veneración. En la cima del cerro existe una torre de vigilancia forestal la cual no estoy seguro de que siga funcionando como tal.


Subir no es fácil, pero la experiencia es muy rica, sobre todo cuando vas con un grupo de amigos y reconoces la necesidad de cuidarte y cuidarlos, de apoyarse los unos a los otros, de facilitar y allanarle el camino a los que vienen detrás. De observar en qué lugar pusieron el pié para que tu sigas sus pasos o los evites si es que ellos tropezaron o resbalaron. En este punto, el trabajo en equipo, más que una necesidad, es una exigencia.


Ya estando en la parte más alta del cerro te encuentras con un panorama poco deseable, todo el lugar está lleno de ropa de todo tipo, desde vestidos de novia hasta prendas muy pequeñitas, pensarías que es un basurero. No es así, las ropas son las ofrendas que se entregan a la virgen de Chuiná. Sin embargo, sería muy conveniente organizar y controlar esta práctica para, al mismo tiempo que se preservan las tradiciones religiosas, mantener el paisaje natural del lugar y una adecuada imagen a los visitantes.


Una vez concluidas las actividades de descenso retornamos a Xunan-Ha; ubicado a la orilla de la famosa aguada de Chuiná, el campamento consta de palapas, mesas y bancos rústicos, letrinas ecológicas, senderos diseñados para recorrer el lugar y poder observar la flora local (la cual va desde tranquilas ceibas y extrañas orquídeas, hasta el temido chechén) y servicios tales como: caballos para la monta, puente colgante, tiendas de campaña, campo de usos múltiples, muelles y kayaks.


Precisamente navegar era el siguiente punto de nuestro programa. Con un mínimo de esfuerzo botamos al agua cinco kayaks y una canoa, nos ajustamos como pudimos los chalecos salvavidas, escuchamos con atención algunas, muy necesarias instrucciones e iniciamos el recorrido de dos de las cinco lagunas unidas que conforman la aguada de Chuiná. Este cuerpo de agua mide aproximadamente dos kilómetros de largo por unos doscientos metros de ancho, en su parte más profunda rebasa los setenta metros y está rebosante de especies acuáticas.


La actividad resultó lo más relajante posible, los kayaks se deslizaban suavemente por la superficie de la aguada, los remos al chocar con el agua producían un sonido ligero y conciliador, navegamos por debajo de un puente colgante y bordeamos la ribera, el kayak siempre estuvo acompañado por un sinfín de pececillos.


Cuando la noche se acercaba levantamos las tiendas de campaña, encendimos una fogata para asar carnes y revisamos el programa de actividades para el día siguiente, el cual inicialmente consistía en la exploración de una caverna situada a unos 3 kilómetros selva adentro, pero que finalmente, por dificultades en el traslado, tuvimos que sustituir por la visita a unos cenotes.


Cerca de la medianoche, el campamento se sumergió en el silencio apenas interrumpido por los sonidos de algunas aves nocturnas, grillos y chicharras que ofrecían sus cantos a la noche. Todo lo demás era tranquilidad y cansancio.


El balance del primer día de exploración fue positivo, realizamos actividades que nos eran desconocidas, visitamos lugares nuevos y tuvimos la experiencia solidaria del trabajo de equipo, la cual contribuye a fortalecer las relaciones humanas y genera una perspectiva distinta de lo que significa ser amigos. Todo ello, sumado a la convivencia, la diversión y a los conocimientos medioambientales adquiridos.

martes, 16 de junio de 2009

28. La dinámica juvenil

Publicado el 16 de junio de 2009


A Mildred Isabel


Si, es verdad, la juventud es para disfrutarse, para gozar y reír mucho. Y eso fue precisamente lo que yo hice durante todos esos años en que estuve al servicio de la comunidad en el grupo de dinámicas juveniles de San Román. Tal vez alguien piense que pasársela en la iglesia es igual a desperdiciar el tiempo valioso de mocedad, pero les aseguro que nunca fue así.


Tengo la dicha de tener muchos amigos, se dividen en varios grupos: los de por la casa, los de la secundaria, los de la iglesia, los del trabajo y los demás (en este último grupo caen los no clasificados pero no por ello menos apreciados).


En ocasiones escucho a los demás relatar sus anécdotas de cuándo jóvenes: aventuras con bellas mujeres, fiestas interminables, escapadas de días enteros, experiencias casuales con algún tipo de enervantes o combates a puños. Para ellos (y tal vez para muchos) eso era disfrutar la juventud. Les aseguro que yo nunca tuve aventuras de ese tipo y sin embargo, disfruté mucho de mis años jóvenes.


La verdad es que apenas cumplía los 18 años cuando recibí una invitación que cambió muchos aspectos de mi vida y mi opinión con respecto a numerosos temas. Eran los últimos días del año 1982 cuando, a pesar de algunas críticas y opiniones encontradas por parte de algunos amigos, decidí ingresar a la primera dinámica juvenil que se realizaba en Campeche.


La dinámica juvenil, promovida por el presbítero Sergio Hernández Méndez, en ese entonces párroco de la Iglesia de San Román, he impartida por jóvenes provenientes de Tulancingo, Hidalgo, era un retiro en el cual los jóvenes analizaban su situación personal, familiar y social; sus vínculos con Dios y con la iglesia y se comprometían a desempeñar alguna función social y altruista dentro de la comunidad.


Como resultado de las distintas actividades programadas para el adecuado desempeño de la dinámica, se producía un cambio en la forma de pensar, sentir y actuar del joven (variable en profundidad dependiendo de su particular contexto familiar y social). En muchos casos, esa conversión se prolongó hasta estos días.


Posteriormente a mi egreso de la dinámica, tuve la oportunidad de formar parte del equipo que se haría cargo de organizar e impartir las dinámicas en Campeche. A partir de ahí, y hasta la modificación en mi estado civil, dediqué muchos de mis esfuerzos a las dinámicas y a labores comunitarias.


Lo anterior matizó mi juventud de experiencias enriquecedoras y de gratas, inolvidables y sanas vivencias; Y mientras la mayoría de los jóvenes de esa época andaban en fiestas y aventuras, yo y los dinámicos nos divertíamos organizando actividades para recabar fondos, preparando temas y materiales de apoyo o impartiendo alguna de las doce dinámicas juveniles en que participé como miembro de los equipos interno y externo.


Las experiencias compartidas en el esfuerzo común por sacar adelante cada una de las dinámicas, las alegrías, las tristezas y los regaños y consejos de la hermana Angelina, hicieron que los dinámicos creciéramos juntos y nos volviésemos amigos hasta el presente. Nos frecuentamos, recordamos esos tiempos y esa alegría y juntos participamos cordialmente en nuestras nuevas y actuales realidades.


La opinión general de los que intervenimos en esa experiencia, es que la dinámica juvenil le dio un sentido a nuestras vidas, una dirección a nuestros jóvenes propósitos y nos encauzó hacia la realización de actividades edificantes y de gran contenido humano y religioso. Al mismo tiempo, nos mantuvo al margen de escenarios que podrían haber afectado nuestro crecimiento personal y social.


Y no es exagerado señalar que en el servicio comprometido a la comunidad y en la experiencia cristiana, así como en el trabajo de equipo y la búsqueda de las estrategias de motivación y comunicación que nos permitieron organizar las dinámicas, encontramos los elementos necesarios que, aunados a la base familiar, nos permitió forjar nuestra vida futura y nuestro desempeño profesional actual.


Sé que aún hoy, a casi 27 años de impartida la primera dinámica juvenil, existe un grupo de jóvenes que continua con esa labor. He visto a algunos de esos muchachos portando orgullosos su Maran-atha, el dije distintivo de las dinámicas. He querido detener a alguno de ellos y platicar estas experiencias, pero el tráfico y las prisas me lo han impedido.

Sin embargo, desde esta tribuna, les envío un cordial saludo y mi particular exhorto a continuar con esa noble labor que nutre a la iglesia y llena de luz a muchos jóvenes. Insistan sin descanso en hacer realidad los viejos pero siempre vigentes propósitos de la dinámica juvenil; porque al hacerlo estarán dándole sentido a los mejores años de su juventud y participando activamente en la construcción de un mundo mejor.

domingo, 7 de junio de 2009

27. Intégrate a la naturaleza

Publicado el 3 de junio de 2009


Alguien alguna vez me aconsejó “trata de integrarte a la naturaleza”. En ese momento no le di mucha importancia a esa recomendación, pero por alguna extraña razón nunca la olvidé y desde entonces he intentado seguir ese principio, no conocía los caminos para lograrlo, pero gradualmente fui entendiendo y comprendiendo.

En esos tiempos jóvenes yo me sentía más apegado a la tecnología que a la naturaleza; para mí era de mayor importancia contar con una televisión, un teléfono y un buen automóvil que hacer algo por los ríos, el campo y los árboles; por otro lado los animales nunca me gustaron mucho. Sin embargo algo en mi mente hizo que esa idea de integrarme a mi hábitat resultase significativa para mí, por lo que me pareció inevitable intentarlo.

Debo esclarecer que el consejo vino sin su correspondiente instructivo de operación, es decir, no me explicaron cómo realizar los quehaceres que me permitieran lograrlo, cuáles debían ser las condiciones ambientales óptimas, cuándo debía intentarlo y hacía dónde debía mover mi ánimo para conseguirlo más fácil y rápidamente.

Entendía que el asunto se relacionaba con la tarea de armonizar con ella, compenetrarse de sus leyes y vivir de acuerdo con éstas; asimismo, se vinculaba de manera estrecha con la realización de acciones que evitaran la contaminación y la destrucción del medio ambiente y que a su vez, fomentaran la preservación de los recursos naturales y las numerosas especies que habitan en él.

Por otra parte me queda muy en claro de que mi cuerpo está hecho con los mismos elementos naturales de que están construidos los árboles y la hierba, los pájaros y los demás animales. Todos estamos conformados por el mismo tipo de átomos y moléculas, dado que la esencia es la misma, no debía tener problemas para armonizar. Sin embargo no lo conseguía.

Para complicar un poco las cosas, yo no quería limitarme exclusivamente a la práctica de acciones tan concretas como no tirar basura, sembrar arbolitos, reciclar, evitar aerosoles y cosas como esas. Yo quería una integración más plena, más estrecha, más espiritual. Entonces empecé a tratar de ajustar la velocidad con que respiro al ritmo en que llegan las olas a la orilla de la playa. No funcionó.

Más tarde conocí algunas formas orientales de pensar y vivir; el Feng shui trata de cómo reacondicionar y decorar tu entorno para permitir que la energía fluya naturalmente y beneficiarse de ello. Eso me pareció muy bueno y adopté algunos elementos y adapté otros.

Tao es el nombre que se da al orden natural, su objetivo es enseñar al hombre a integrarse en la naturaleza y fluir en ella, a constituirse en sí mismo en concordancia y armonía con el medio natural. Incluí algunas enseñanzas a mi vida sin embargo la mayoría de sus métodos me parecieron muy radicales (de seguirlas textualmente terminaría convertido en ermitaño).

Opté por permitirme acercamientos importantes con la naturaleza para tratar de que ese contacto me ayude a experimentar en carne propia los ritmos naturales. Acudí con más frecuencia al mar y al campo y trataba de escuchar algo, de percibir alguna señal, de captar algún impulso que me permitiera saber que estaba concordando con el medio ambiente, que por fin podía sentirme parte integral de él.

Finalmente fui entendiendo, armonizar con la naturaleza no implica recibir señales sobrenaturales ni tiene relación con impulsos metafísicos sobrecogedores o cosas de ese tipo. Integrarse al medio ambiente tiene que ver con encontrar el lugar que como seres vivos ocupamos en el conjunto de las cosas naturales.

Ese lugar es el de reconocernos parte de ella y aplicar las habilidades propias de nuestra especie en su favor, nuestro lugar es el de pensar y poder realizar las cosas que un árbol, una piedra, el mar o un animal no pueden hacer. A los seres humanos nos corresponde ponernos de acuerdo con la naturaleza, apoyarla y responsabilizarnos para no quebrantar su equilibrio.

Hasta que reconozcamos nuestro lugar y lo ocupemos gustosos y conformes, cuando permitamos que la naturaleza fluya espontáneamente y no interfiramos en su curso natural será entonces que empezaremos a sentirnos en comunión con la naturaleza; ni distintos ni iguales, ni mejores ni peores. Parte de ella.

Entonces dejaremos de sentirnos extraños y ajenos a las cosas naturales, nos encontraremos, nos reconoceremos y nos reintegraremos a ella y comenzaremos a armonizar, a sentir su cadencia en nuestro interior y a disfrutar de ella. Yo creo que ese es el camino correcto para favorecerla y preservarla y para lograr que este planeta siga girando plácidamente en torno al sol.

26. Quiero ser libre

Publicado el 21 de mayo de 2009



“Quiero ser un hombre libre”. Esa fue su declaración, esa fue su súplica, su agonía y su esperanza. En un principio no entendí. Seguí caminando, tratando de ignorar ese solitario grito. No pude, en mi mente seguía resonando.

Fue una tarde, el sol apenas terminaba de ocultarse, el malecón estaba solitario, acababa de llover y eso alejó a quienes a diario se ejercitan en ese lugar. A todos menos a mí y a una pareja que hablaba en uno de los parques. En un momento determinado, uno de ellos se dirigió a la baranda del malecón, se trepó en ella y de cara al horizonte gritó a todo pulmón: “Quiero ser un hombre libre”.

Es verdad, lo primero que pensé es que se trataba de un loco, uno de esos despistados que tratan de llamar la atención. El segundo pensamiento tiene que ver con el exceso en el consumo de enervantes y el abuso en las bebidas espirituosas. Lo miré más detenidamente, a él y a la persona que lo acompañaba. No, no están locos, no quieren llamar la atención de nadie ni usan cosas raras. ¿Entonces?

Evidentemente, la persona que gritó era un hombre libre. No tenía cadenas, no estaba atado. No estaba encerrado. Era tan libre que podía pararse en el malecón y gritar a los cuatro vientos. Nadie lo limitó, nada se lo impidió, no fue reprimido ni amonestado. Estaba haciendo uso de su libertad para proclamar su deseo de libertad. Eso me pareció paradójico en principio, absurdo después, profundo finalmente
¿Por qué un hombre libre no puede ser verdaderamente libre? ¿Qué se lo impide? ¿Dónde están las cadenas que yo no veía pero que indudablemente lo estaban sujetando? ¿Qué tan libres era? ¿Qué tan libres somos todos?

La libertad es uno de los dones más preciados por los hombres, no hay nada que se le compare, por ella muchos lucharon y murieron. Afortunadamente hoy, todos nacemos libres y podemos permanecer en ese estado. Desafortunadamente, a lo largo de nuestra vida, muchos podemos extraviar el rumbo, y junto con él, perder las condiciones que nos hacer ser libres.

En algunas ocasiones, resolvemos caminar por sendas obscuras de la vida, avanzamos a veces lentamente, por ratos muy aprisa, y cuando menos lo esperamos, estamos sumergidos en la cárcel de la drogadicción, el alcoholismo o de cualquier otro vicio. Ya no podemos decidir por nosotros mismos, algo más maneja nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestra actuación.

Durante el lapso de nuestra existencia, solemos transitar por situaciones muy espinosas que van dejando huellas indelebles en el espacio de nuestras emociones. Muchas veces no somos capaces de superar esos trances y nos hacemos esclavos de los sentimientos negativos que se generan.
Nos atrapa el dolor, tristeza, angustia, depresión, resentimientos, insatisfacciones, rencores, odios, pasiones insanas y otras impresiones que nos mantienen cautivos y no impiden tener bienestar en nuestras vidas.

Reconocer nuestra condición de dependencia, darnos cuenta que estamos atrapados en situaciones esclavizantes, que le hemos puestos rejas invisibles pero determinantes a nuestras vidas, es el primer paso para escapar de esa prisión intangible.

Manifestar nuestra voluntad y empeño por ser libres, se establece como el reto inspirador que debe motivarnos a abandonar formas de vida que imposibilitan nuestra capacidad de ser felices y hacer felices a las personas que amamos.

Gritar desenfadadamente al mundo nuestra necesidad irremediable, nuestro anhelo apremiante de libertad, representa el compromiso auténtico de producir un cambio radical en nuestras vidas, una transformación completa en nuestras formas de pensar, sentir y actuar que nos conduzca a nuevos y más grandes horizontes de realización humana.

Hoy, quiero acompañar mi voz a ese grito liberador, a ese alarido cargado de esperanzas, sueños y deseos; a esa voluntad indomable de explorar plenamente la libertad, de ejercerla jubilosamente y disfrutarla en plenitud. Hoy, yo también proclamo al mundo: ¡Quiero ser un hombre libre!

25. Ordena tu cuarto

Publicado el 16 de mayo de 2009


“¿Porque se meten? Es mi cuarto, es mi vida” –Esas fueron las palabras concisas y solemnes que uso Andrea para relacionar dos premisas aparentemente sin correspondencia alguna: una exhortación a ordenar su cuarto es igual a una intervención al derecho natural e inalienable de administrar, dirigir y determinar su propia vida.
Esta forma extraña e ilógica de razonar de mi hija (que parece habitual en el conjunto de demandas de la mayoría de los adolescentes) responde a la natural exigencia de determinar las fronteras de su individualidad, de sus espacios personales, de su hábitat. El territorio sobre el que ella establece políticas y normas que son claras, precisas y muy bien definidas solo desde su propia perspectiva.
Esto la conduce a decretar que cualquier intento de intromisión o injerencia en sus asuntos será tomado como una invasión a su soberanía y ameritará una nota diplomática inicialmente; si la situación continua, entonces se decretará el estado de emergencia y la correspondiente declaración de guerra a la entidad que sea, llámese padre, madre o hermanos.
Yo también tengo una forma extraña e ilógica de razonar, yo creo que un cuarto ordenado en la adolescencia puede conducir a una vida ordenada en la adultez. El origen y la relación entre estas dos aseveraciones tienen que ver con la concepción de los valores relacionados con el orden y la disciplina y la formación de los hábitos correspondientes.
Para mantener en orden un cuarto es preciso asignar a cada cosa un lugar y posteriormente, poner cada cosa en su lugar, si esta acción es aceptada por el joven y es perseverante en ella, cuidadoso de las normas y respetuoso del orden establecido (incluso por él mismo) habrá adquirido el valor disciplina; este valor conducirá su actuación a lo largo de su vida.
Un joven disciplinado hace siempre lo que debe hacer, cumple con las normas instituidas para su vida, sus relaciones, familia, trabajo y para la sociedad en general. La disciplina es indispensable para que el joven opte con persistencia por el mejor camino, por el que le dicte una conciencia bien formada que sabe reconocer y distinguir lo que es bueno de lo que es malo.
Insistir en los jóvenes para que ordenen su cuarto y sus pertenencias, su forma de vestir y de hablar, lleva un trasfondo de preocupación y una súplica para que inicien, de la mejor forma posible, el proceso de ordenar sus pensamientos, sus ideas, su vida; para que establezcan las bases y decidan las prioridades que darán sustento y soporte a su actuación futura y que los hará perseverar hasta alcanzar sus objetivos mas caros.
Por otra parte, es verdad, los padres no debemos tratar de dirigir la vida de nuestros hijos, pero también es cierto que no podemos ser simples espectadores y permitir que la vida de los chicos se precipite al desfiladero. Siempre hay que estar pendientes y repetirles tantas veces como sea necesario: ordena tu cuarto, ordena tu vida.

24.¿Porqué no ser amables?


Publicado el 10 de mayo de 2009



Mayra llevaba más de 30 minutos de espera para pagar en el supermercado, de pronto un individuo y su esposa, sin previo aviso, se introdujeron en la fila, justo delante de ella. Al reclamo correspondiente, ambos respondieron con absoluta falta de amabilidad, para decirlo en forma literal, contestaron con grosería y desvergüenza. Mayra fue prudente y para no exponerse a una agresión física, terminó por ceder a la descortesía, pero en su mente surgió una interrogante definitiva: ¿Por qué no ser amables?

Lo expuesto en el párrafo anterior es un hecho real, sucedió hace algunos días en un conocido supermercado de la ciudad, el hombre en cuestión y su esposa demostraron en forma descarada, su absoluto desprecio por las normas elementales de amabilidad y respeto. Lo realmente preocupantes, es que este hecho no es aislado, si ponemos atención al comportamiento diario de las personas (incluso en nuestra propia conducta) descubriremos que la amabilidad es un valor que desgraciadamente está a la baja.
En su concepción original, amable significa “digno de ser amado”, en la Roma antigua se consideraba amable a la persona que se comportaba de un modo tal que inducía a los demás a que lo amen. Nuestra amabilidad, la que practicamos hoy día, se alejó del rumbo de los sentimientos y se implantó en el terreno de las actitudes, de las formas y el respeto a las normas de conducta.

Ya establecida en este ámbito, la amabilidad se constituye como un modo habitual de ser y comportarse, como la forma de prodigarse a los demás afectuosa y complacientemente. Su finalidad principal es mover la conducta de las personas para que nos respondan de la misma forma y por lo general, si somos afables con las personas, ellos nos retribuirán con cortesía.

Viendo las cosas de esta particular óptica, ser amables facilita la vida, hace que se abran muchas puertas, permite la convivencia armónica, propicia la oferta de oportunidades, genera el reconocimiento, los favores y la gratitud de los demás. Una persona amable es bienvenida en cualquier lugar.

Las bases que darán como resultado el establecimiento de la amabilidad como norma de conducta y valor socialmente aceptado deben surgir necesariamente en el hogar y continuar en la escuela; son los padres y maestros los responsables de introducir a los hijos en el respeto a la dignidad humana y a los derechos de las personas que están en su entorno, en la consideración a las necesidades y la atención y el reconocimiento que merecen los que nos prestan un servicio.

Y por supuesto, si un niño no tiene la guía adecuada que lo introduzca en el mundo de la cortesía, civilidad y la generosidad, será muy difícil que al convertirse en adulto pueda comportarse de acuerdo con las pautas que rigen el arte de ser amable; esto explica el porqué algunas personas actúan como verdaderos groseros, auténticos patanes, genuinos malcriados y legítimos mentecatos, por supuesto que nadie quiere tener tratos con personas de esta triste categoría.

Por el contrario, una persona amable, cuidadosa de las formas, atenta y considerada con las personas es querida y respetada por todos, apreciada a cabalidad y bienvenida en cualquier lugar, esto último se convierte inmediatamente en un importante atributo personal.

Por ello debemos derrochar amabilidad, ser cordiales, tratables y accesibles con todo el mundo, empezando con la familia, amigos y vecinos, con las personas que nos brindan cualquier tipo de servicio, los desconocidos con quienes a veces tropezamos, los conductores de otros vehículos, las personas mayores, todo el que se cruza en nuestro camino merece nuestro trato agradable, cálido y afectuoso. Eso es lo justo y correcto.

Debemos aprovechar las ventajas del buen trato y los buenos modales, debemos hacer grato el día a los que nos rodean, volver a ser una comunidad amable y acogedora, cálida y placentera (esto pasa por las actitudes, las palabras y las sonrisas). La meta deberá ser, a partir de hoy, contagiarnos de amabilidad y construir entornos mucho más agradable para todos.

Tal vez nunca sabremos el nombre del individuo del supermercado con el que se topó Mayra ni las causas que motivaron su negativa conducta, pero lo cierto es que si hubiese solicitado amablemente le cedieran el lugar en la fila se lo hubiesen facilitado. Total, sólo estaba comprando 6 productos.

23. Ten cuidado con el corazón

Publicado el 19 de abril de 2009


Con las arterias, el colesterol y todo lo demás, un descuido y puede ser fatal ¡Alerta! … Cierto, la canción va por otros caminos, pero creo que vale la pena el cambio en la letra, sobre todo si se toma en cuenta que cada 3 minutos muere un mexicano a causa de enfermedades cardiovasculares y, dado que a cualquiera de nosotros nos puede dar un infarto, más vale prevenir que lamentar.

Las cifras que ofrece el Instituto Mexicano del Seguro Social son verdaderamente alarmantes, tan solo el año pasado se registraron en el país más de 162 mil muertes por infarto al miocardio, angina de pecho, ateroesclerosis y/o evento vascular cerebral, lo que convierte a este tipo de padecimientos en la primera causa de muerte en México; a esto hay que añadir que existen 18.5 millones de hipertensos y casi 16 millones de personas con niveles altos de colesterol.
Pero los datos que estremecen no se detienen ahí, para nada, comúnmente se piensa que los problemas cardiovasculares son complicaciones que solo aquejan a los adultos mayores, sin embargo el 10 por ciento de los pacientes que llegan a los hospitales aquejados por estos males tienen menos de 45 años y se espera que la curva de riesgo continúe descendiendo. Ante tal situación conviene reflexionar acerca de estas enfermedades y los métodos existentes para prevenirlas.

En primera instancia, es preciso señalar que la mayoría de las enfermedades cardiovasculares tienen como común denominador la ateroesclerosis, esto se refiere al proceso a través del cual las grasas y el colesterol se acumulan en las paredes interiores de las arterias. Estos depósitos estrechan los vasos sanguíneos llegando incluso a cerrarlos, cuando esto sucede la sangre y el oxigeno no son suministrados a las células y tejidos cercanos, lo que resulta en el daño a esa parte del cuerpo. Si este bloqueo ocurre en una arteria del corazón el resultado es un ataque cardíaco, si acontece en una arteria que irriga al cerebro deriva en un accidente cerebrovascular.

La buena noticia es que todos, incluyendo a quienes tienen antecedentes familiares de enfermedades del corazón, pueden reducir los riesgos de un infarto y aumentar las oportunidades de tener una vida larga y saludable. En este sentido, la Asociación Americana del Corazón, ha establecido una serie de recomendaciones prácticas y fáciles que espera puedan ser seguidos por la población en general para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, vamos a repasarlas:

Inicialmente se requiere llevar una vida activa, todos los adultos debemos acumular 30 minutos de actividad física diariamente, pero si lo que se pretende es perder peso la inversión de tiempo debe aumentar hasta 60 minutos. Esto último tiene especial importancia dado que los kilos de más son enemigos del corazón, sobre todo si éstos se localizan en el área abdominal, por lo cual se recomienda vigilar y controlar el peso y la medida de la cintura, la cual no debe exceder de 80 centímetros en las mujeres y de 94 en los hombres.

Por otra parte, evitar el consumo de tabaco dado que esto está directamente relacionado con un aumento en las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares (sobre todo si va unido a otros factores de riesgo como la obesidad) además el tabaco representa por sí mismo, un foco permanente de riesgo por el daño que ocasiona a la sangre y a las arterias.

Es conveniente mantener la tensión arterial por debajo de los 120/80, los niveles tensionales pueden modificarse con la dieta, la actividad física y factores psicosociales adecuados. Bajar la ingesta de sal, aumentar el consumo de potasio (plátanos, aguacate, naranjas) reducir calorías (refrescos embotellados, quesos, harinas) y moderar el consumo de alcohol (uno o dos vasos de vino al día) pueden contribuir a mantener la tensión en los parámetros adecuados.

La siguiente recomendación va en el sentido de vigilar los niveles de colesterol, triglicéridos y glucemia. Los dos primeros factores se controlan al reducir de la dieta las grasas saturadas (grasas en estado sólido a temperatura ambiente como el tocino y la manteca). La glucemia o nivel de azúcar en la sangre se controla con una dieta pobre en grasas y rica en legumbres, fruta, verduras y fibra y con la realización regular de ejercicio físico, el cual mejora la circulación, favorece el funcionamiento óptimo del corazón y flexibiliza las arterias.

Es preciso tener en cuenta que el estrés continuo y las situaciones de ansiedad y angustia maltratan al corazón y pueden contribuir a su mal funcionamiento, por tanto es necesario aprender a relajarse y a tomarse la vida con una filosofía positiva y relajada.

Finalmente, es necesario realizarse revisiones médicas periódicas (control de la presión y bioquímica sanguínea) sobre todo a partir de los 45 años y principalmente si se tiene antecedentes familiares de riesgo cardiovascular; es muy importante escuchar los avisos del corazón, estar atento a síntomas como: dolor en el pecho, fatiga, vómito, mareo y sudoración, ante estas señales pida que le lleven al hospital lo antes posible.

Es primordial señalar que por cada factor de riesgo que se elimine, aumenta la posibilidad de evitar una enfermedad cardiovascular, el tiempo apremia, no cabe lugar para demoras, cuanto antes se empiece las acciones de protección será mejor para el corazón y las arterias.

Existen muchas personas que presumen ser de “corazón joven”, sin embargo en la mayoría de las ocasiones esa condición solo queda en las palabras y en la intensión dado que son pocos los que realmente se esfuerzan por mantenerlo joven y sobre todo, sano. La realidad no deja lugar a especulaciones, ahora es el momento para dejar de preocuparnos y empezar a ocuparnos en la salud del corazón. Hazlo por ti, por tu familia.